Reintegración cromática en El Atelier de Santi

Pechina San Gregorio restaurada

La reintegración cromática es el tratamiento que se sigue para cubrir las faltas de pintura original en las obras pictóricas o policromas durante el proceso de restauración.

Con independencia del tamaño o espacio a reintegrar, el tratamiento tiene unas limitaciones. Estas se atienen a los siguientes criterios; diferenciación y reversibilidad.

Antes y después de la reintegración cromática

En el proceso de reintegración cromática el criterio de no cubrir y respetar la superficie original conservada hay que entenderlo en su fase final. Es decir, la capa pictórica última. Hay que tener en cuenta que cualquier intervención restauradora, incluso conservadora cuando no es estrictamente preventiva, puede ser considerada invasiva. Y esta «invasión» debe atenerse a consideraciones de conservación y no estéticas. De ahí que deba preservarse en todo lo posible el aspecto último del original conservado.

Estos criterios tienen la misma consideración e importancia cuando se trata de obras de devoción. Pero a diferencia de las obras arqueológicas y puramente documentales, en este caso no se restringe el tratamiento a preservar la lectura del objeto o documento lo más original posible y «sin añadidos».

Proceso de reintegración cromática de la pechina de San Agustin

En el caso de espacios expositivos, museos, galerías y de devoción, como es el que nos ocupa en la Iglesia de la Cartuja baja, los criterios son los mismos. Pero se busca atenuar y minimizar la diferenciación entre lo añadido y lo original. Para lo cual se ajustan más los tonos y las formas. De esta forma se da prioridad a la visión más general del espectador, a la lectura divulgativa del tema y su intención narrativa inicial y original. Queda como garantía de no interferir en lo original, además de no invadir el espacio físico, emplear una técnica diferenciadora en la reintegración cromática. Y esto, tanto en lo material como en lo estético. Se hace uso de una técnica distinta poniendo atención a su reversibilidad. Y ello sin perjuicio del original, es decir, que se pueda retirar con facilidad si causar daño a lo original.

Es el caso de esta pechina de la iglesia de la Inmaculada Concepción de la Cartuja Baja en Zaragoza, y de los muros laterales del presbiterio. Donde había grandes faltas y lagunas de pintura original. En ambos casos hubo de restituirse decoración pintada siguiendo los criterios descritos. Pero al tratarse de un lugar con función devocional y expositiva se ajustó la reintegración cromática, en lo posible, a lo original y al entorno. De esta manera se da una lectura continuada del conjunto rehabilitado, tanto en lo estético como en lo narrativo.

Reintegración cromática de la pechina

Era la pechina que correspondía a la representación de San Agustín, doctor de la Iglesia Católica, que aparecía perdida en más del 80%. Intervine con la colaboración de la restauradora María Maza, reconstruyendo el conjunto, siguiendo las pautas y dimensiones, distancias, etc., que nos habían dejado los restos consolidados.

Detalle de reintegración cromática de la mano

Entre los restos, ya desalados y consolidados, aparecía en forma de marcas, sinopia e incisos, el lugar que ocupaban cabeza, mano, ángel, etc. Lo cual nos daba una idea aproximada de la pose y composición general. Tanto en la base como el rallado (regattino) se procedió con acuarelas.

Reintegración en el presbiterio

También surgió la necesidad de reintegración cromática en los muros laterales del presbiterio. Allí, enmarcando, aparecían restos de lo que sería un fingido de tapizado con tela de Damasco. Estos restos permitieron extraer una plantilla con la que pudimos reconstruir con éxito la secuencia de la serie a desarrollar.

Detalle de la reintegración cromática del tapizado de tela de Damasco fingida

La reconstrucción se realizó con distintos tonos de pigmentos al pastel. Más la goma arábiga con la que se  iba fijando y consolidando las sucesivas capas.

Las obras de restauración de la iglesia de La Concepción de La Cartuja Baja se sucedieron durante los años 2010 a 2012. Bajo la dirección del arquitecto D. Teodoro Rios y la coordinación de Jose Antonio Rodriguez Martín del equipo de restauración de la empresa Fidias Trade S.L.

Fotografias del proceso y finales de Jose Antonio Rodriguez Martín.

 

 

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